Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
25 de julio de 2026
La escena ocurre en algún salón del poder en Managua, seguramente con cortinas ostentosas y un micrófono que nadie apaga. Ella —Rosario Murillo, vicepresidenta y oráculo oficial del régimen— se acerca al atril con la serenidad de quien va a revelar el secreto del universo. Los periodistas, ya vacunados contra la sorpresa, afilan los lápices. Lo que viene no es un discurso: es un koan, un acertijo, un experimento mental que dejaría perplejo al mismísimo Lewis Carroll.
“Toma un círculo —dice, con la voz pausada de quien lee un cuento antes de dormir—, acarícialo, ¡se pondrá vicioso!”. La frase cae en el salón como una piedra en un estanque de gelatina. Nadie ríe. Nadie pregunta. Los asistentes asienten con la cabeza, como si efectivamente existiera un manual para acariciar círculos y volverlos pendencieros. Afuera, el país lleva años en espiral —quizá por eso el círculo—, y la gente busca significados donde solo hay una coreografía del absurdo.
No es la primera vez que la pareja presidencial ofrece perlas de este calibre. Hace unos meses fue aquello de “el amor vence al odio y al rencor, y el rencor es el que lleva a la guerra”, o la famosa “la paz es el camino y el camino es la paz”. Pero esta vez la metáfora es más audaz: un círculo que, acariciado, se vuelve vicioso. ¿La forma geométrica de la resistencia? ¿La rueda del poder que al tocarla se enrosca? ¿Una alegoría de la asfixia democrática? Los analistas políticos se devanan los sesos; los tuiteros, en cambio, hacen lo que mejor saben: convertir la frase en meme.
En los pasillos de la Asamblea Nacional, algún diputado opositor —de los pocos que quedan— murmura: “Lo peor no es que lo diga, es que tiene razón sin saberlo. El círculo del poder en Nicaragua se acaricia a sí mismo y se vuelve cada vez más vicioso, más cerrado, más violento”. Pero su voz se pierde en el eco de las paredes oficiales. Mientras tanto, el pueblo escucha la frase y se encoge de hombros. En un país donde el pan escasea, la libertad es un lujo y la represión es cotidiana, una frase críptica es solo un ruido más.
La grabación corre por WhatsApp. “Toma un círculo, acarícialo, ¡se pondrá vicioso!” se repite en tono de burla entre quienes aún pueden reírse. Algunos lo toman como un conjuro para espantar la realidad. Otros, como una instrucción cifrada para sobrevivir: a veces hay que rodear el poder, rozarlo apenas, y esperar a que se enrede solo. Pero el círculo, acariciado o no, sigue girando, indiferente a la lógica, alimentado por su propio absurdo. Afuera, en las calles de Managua, ningún círculo se deja acariciar. Todos están demasiado ocupados huyendo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
25 de julio de 2026
La escena ocurre en algún salón del poder en Managua, seguramente con cortinas ostentosas y un micrófono que nadie apaga. Ella —Rosario Murillo, vicepresidenta y oráculo oficial del régimen— se acerca al atril con la serenidad de quien va a revelar el secreto del universo. Los periodistas, ya vacunados contra la sorpresa, afilan los lápices. Lo que viene no es un discurso: es un koan, un acertijo, un experimento mental que dejaría perplejo al mismísimo Lewis Carroll.
“Toma un círculo —dice, con la voz pausada de quien lee un cuento antes de dormir—, acarícialo, ¡se pondrá vicioso!”. La frase cae en el salón como una piedra en un estanque de gelatina. Nadie ríe. Nadie pregunta. Los asistentes asienten con la cabeza, como si efectivamente existiera un manual para acariciar círculos y volverlos pendencieros. Afuera, el país lleva años en espiral —quizá por eso el círculo—, y la gente busca significados donde solo hay una coreografía del absurdo.
No es la primera vez que la pareja presidencial ofrece perlas de este calibre. Hace unos meses fue aquello de “el amor vence al odio y al rencor, y el rencor es el que lleva a la guerra”, o la famosa “la paz es el camino y el camino es la paz”. Pero esta vez la metáfora es más audaz: un círculo que, acariciado, se vuelve vicioso. ¿La forma geométrica de la resistencia? ¿La rueda del poder que al tocarla se enrosca? ¿Una alegoría de la asfixia democrática? Los analistas políticos se devanan los sesos; los tuiteros, en cambio, hacen lo que mejor saben: convertir la frase en meme.
En los pasillos de la Asamblea Nacional, algún diputado opositor —de los pocos que quedan— murmura: “Lo peor no es que lo diga, es que tiene razón sin saberlo. El círculo del poder en Nicaragua se acaricia a sí mismo y se vuelve cada vez más vicioso, más cerrado, más violento”. Pero su voz se pierde en el eco de las paredes oficiales. Mientras tanto, el pueblo escucha la frase y se encoge de hombros. En un país donde el pan escasea, la libertad es un lujo y la represión es cotidiana, una frase críptica es solo un ruido más.
La grabación corre por WhatsApp. “Toma un círculo, acarícialo, ¡se pondrá vicioso!” se repite en tono de burla entre quienes aún pueden reírse. Algunos lo toman como un conjuro para espantar la realidad. Otros, como una instrucción cifrada para sobrevivir: a veces hay que rodear el poder, rozarlo apenas, y esperar a que se enrede solo. Pero el círculo, acariciado o no, sigue girando, indiferente a la lógica, alimentado por su propio absurdo. Afuera, en las calles de Managua, ningún círculo se deja acariciar. Todos están demasiado ocupados huyendo.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

