Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
25 de julio de 2026
En Ciudad Juárez alcanzarán los 41 grados este fin de semana. No es calor, es una invitación a derretirse en la banqueta mientras los políticos discuten si el cambio climático es culpa de las vacas o de los coches. Mientras tanto, la tormenta tropical Genevieve se pasea por el Pacífico como un borracho que no sabe a dónde ir. Y nosotros, con el diagnóstico en la mano, viendo cómo los desplazados por el clima se suman a los desplazados por la violencia. Al final, el termómetro y la inseguridad se parecen: ambos suben sin avisar.
El diagnóstico es bonito, promete políticas de adaptación. Pero la única adaptación que conocemos en México es la de los vendedores ambulantes que se mudan de esquina cuando llega la policía. O la de los agricultores que ahora siembran nopales en lugar de maíz porque el agua se acabó. No necesitamos diagnósticos, necesitamos que alguien le baje el termostato al país. Pero eso no se vende en las conferencias de prensa.
Lo más irónico de todo es que mientras el gobierno federal presume su diagnóstico, en el norte el hielo se derrite y los ganaderos cruzan la frontera para ver si logran vender su res antes de que se ase sola. Y en el sur, la tormenta se lleva casas que ya estaban a punto de caerse. Así funciona la realidad vista desde el espejo retrovisor: siempre vemos el bache después de que la llanta se nos ponchó, y aplaudimos cuando nos entregan el mapa del camino que ya recorrimos.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
25 de julio de 2026
En Ciudad Juárez alcanzarán los 41 grados este fin de semana. No es calor, es una invitación a derretirse en la banqueta mientras los políticos discuten si el cambio climático es culpa de las vacas o de los coches. Mientras tanto, la tormenta tropical Genevieve se pasea por el Pacífico como un borracho que no sabe a dónde ir. Y nosotros, con el diagnóstico en la mano, viendo cómo los desplazados por el clima se suman a los desplazados por la violencia. Al final, el termómetro y la inseguridad se parecen: ambos suben sin avisar.
El diagnóstico es bonito, promete políticas de adaptación. Pero la única adaptación que conocemos en México es la de los vendedores ambulantes que se mudan de esquina cuando llega la policía. O la de los agricultores que ahora siembran nopales en lugar de maíz porque el agua se acabó. No necesitamos diagnósticos, necesitamos que alguien le baje el termostato al país. Pero eso no se vende en las conferencias de prensa.
Lo más irónico de todo es que mientras el gobierno federal presume su diagnóstico, en el norte el hielo se derrite y los ganaderos cruzan la frontera para ver si logran vender su res antes de que se ase sola. Y en el sur, la tormenta se lleva casas que ya estaban a punto de caerse. Así funciona la realidad vista desde el espejo retrovisor: siempre vemos el bache después de que la llanta se nos ponchó, y aplaudimos cuando nos entregan el mapa del camino que ya recorrimos.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

