Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
13 de octubre de 2026
El efectivo es el idioma de los que no tienen banco: la señora de los tamales, el que lava carros, el tianguis entero. Para ellos digitalizar el dinero no es modernidad, es vigilancia con buena prensa. Cada peso tendrá nombre, apellido y coordenadas. Un billete arrugado nunca le contó a nadie dónde estuvo. Eso es justo lo que le molesta al sistema.
Y a los niños, teléfono fuera. Por unanimidad, que es la forma más elegante de decir que nadie se atrevió a discutirlo. Doce años de escuela y el culpable era la pantalla. Los adultos que no sueltan la suya ni en el baño, por supuesto, no aplican. Prohibir el celular no enseña a usarlo: enseña a esconderlo, que es la primera lección de todo mexicano bien educado.
Mientras tanto, el Fondo Monetario anuncia que creceremos 1.5 por ciento y que las exportaciones ligadas a la inteligencia artificial nos sacarán del hoyo. La IA no apaga el incendio cuando el huracán Simon toca tierra en Mazatlán, ni cuenta los dos muertos y los diez desaparecidos que dejó el agua. En Totolapan un operativo federal dejó vehículos quemados; en Guadalajara alguien pide explicaciones porque, dicen, una cosa es contener y otra reprimir. Ese matiz explíqueselo a la familia del que no volvió.
Aquí sobran reglas para el refresco, para el cigarro, para lo que comes —la política antiobesidad, dicen, es eficaz— y falta una sola para lo grande. País sin reglas, titularon por ahí: sin reglas para los poderosos, con microscopio para el bolsillo del pobre. El espejo retrovisor solo devuelve lo que ya dejamos atrás, y ahí se ve un país que aprendió a medir su libertad por lo que alcanza a esconder. Cuando volvamos a mirar, no recordaremos las leyes ni los comunicados: recordaremos el peso que ya no era nuestro y el silencio de un aula sin mensajes. Un país sin nada que esconder no es libre. Es solo un país limpio.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

