Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
27 de septiembre de 2026
Mientras tanto, la economía ensaya su propio debate. Un día nos anuncian 55 mil millones de inversión extranjera, al siguiente 20 mil más de nuevas inversiones, y de pilón que el Mundial nos dejó un rebote de ocho décimas. Todo crece. Luego llega la calificación que nunca se emborracha de optimismo y susurra que un producto por debajo de dos por ciento no tapa las grietas. La fiesta mundialista fue buena; la resaca, mejor.
En la ONU presumimos que los homicidios bajaron y que vamos por la paz. Puede ser. Pero el mismo fin de semana, doce años después, la gente vuelve a marchar por los 43 que se llevaron una noche de septiembre. Doce años: ya hay niños más altos que el expediente. La paz se anuncia con diapositiva; la impunidad se hereda con acta.
Y hablando de cuentas pendientes, un exgobernador sale del penal rumbo a casa. Prisión domiciliaria, que en lenguaje fino quiere decir que la celda era mucho y el departamento poco. La justicia, cuando llega a domicilio, siempre acierta la dirección: la de los que tienen una.
También viene un huracán de nombre corto y simpatía nula, un tal Polo, que paseará por Baja California Sur el lunes. El cielo, a diferencia de los políticos, sí avisa con antelación.
Por eso conviene mirar por el retrovisor. Ahí las cifras se ven distintas: el crecimiento del mes pasado ya no se siente, la bandera única de hoy era la doble de ayer, y los ausentes siguen contando. El futuro llega siempre con la cara de alguien que ya vimos irse. Y la realidad, vista desde el espejo retrovisor, trae una advertencia en letras chiquitas: todo lo que aquí se ve hermoso, usted ya lo dejó atrás.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal
La realidad vista desde el espejo retrovisor
27 de septiembre de 2026
Mientras tanto, la economía ensaya su propio debate. Un día nos anuncian 55 mil millones de inversión extranjera, al siguiente 20 mil más de nuevas inversiones, y de pilón que el Mundial nos dejó un rebote de ocho décimas. Todo crece. Luego llega la calificación que nunca se emborracha de optimismo y susurra que un producto por debajo de dos por ciento no tapa las grietas. La fiesta mundialista fue buena; la resaca, mejor.
En la ONU presumimos que los homicidios bajaron y que vamos por la paz. Puede ser. Pero el mismo fin de semana, doce años después, la gente vuelve a marchar por los 43 que se llevaron una noche de septiembre. Doce años: ya hay niños más altos que el expediente. La paz se anuncia con diapositiva; la impunidad se hereda con acta.
Y hablando de cuentas pendientes, un exgobernador sale del penal rumbo a casa. Prisión domiciliaria, que en lenguaje fino quiere decir que la celda era mucho y el departamento poco. La justicia, cuando llega a domicilio, siempre acierta la dirección: la de los que tienen una.
También viene un huracán de nombre corto y simpatía nula, un tal Polo, que paseará por Baja California Sur el lunes. El cielo, a diferencia de los políticos, sí avisa con antelación.
Por eso conviene mirar por el retrovisor. Ahí las cifras se ven distintas: el crecimiento del mes pasado ya no se siente, la bandera única de hoy era la doble de ayer, y los ausentes siguen contando. El futuro llega siempre con la cara de alguien que ya vimos irse. Y la realidad, vista desde el espejo retrovisor, trae una advertencia en letras chiquitas: todo lo que aquí se ve hermoso, usted ya lo dejó atrás.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

