Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
31 de agosto de 2026
Para dimensionar el ridículo hay que detenerse en la imagen completa: una gobernante autonómica que decide que México necesita lecciones de democracia, que llega con discursos bajo el brazo y se topa con un gobierno que la recibe con la cortesía que se le otorga a quien no conoce la casa. La visita fue tan mala que hasta sus propios compatriotas salieron a pedir disculpas.
La izquierda madrileña fue la primera en marcar distancia: “Pedimos disculpas a la presidenta Sheinbaum”, dijeron, como quien se disculpa en una fiesta por un familiar que bebió de más. El gobierno de España fue todavía más lejos, con una sinceridad inusitada: Ayuso “ha ido a provocar a México y le ha salido mal”. Pocas veces un gobierno central ha resumido con tanta precisión la derrota de los suyos.
Sheinbaum no necesitó levantar la voz. Dos palabras bastaron para enterrar el episodio. Toda una lección de política: cuando el otro se estrella solo, no hace falta empujarlo; apenas hay que acercarse a la escena del accidente y constatar los daños.
El espectáculo tiene algo de teatro del absurdo, de esos que en Madrid se representan estos días en escenarios como Nave 10. Porque la política española, con sus réplicas y contrarréplicas, parece escrita por un dramaturgo surrealista. La presidenta autonómica que viaja a provocar, el gobierno central que se deslinda, la oposición que se disculpa en nombre ajeno: todos hablando de México sin que México hiciera otra cosa que esperar a que terminara la función.
Y en esa función, todos perdieron: Ayuso perdió la batalla diplomática, el PP perdió la compostura y la izquierda española perdió la oportunidad de callarse. México, en cambio, ganó sin mover una pieza: recibió disculpas, saldó una visita incómoda y confirmó que el ridículo ajeno puede ser, bien administrado, un triunfo silencioso. La política del absurdo tiene eso: a veces el mejor golpe es el que no se da.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.
Impersonal Vespertino
La realidad vista desde el espejo retrovisor
31 de agosto de 2026
Para dimensionar el ridículo hay que detenerse en la imagen completa: una gobernante autonómica que decide que México necesita lecciones de democracia, que llega con discursos bajo el brazo y se topa con un gobierno que la recibe con la cortesía que se le otorga a quien no conoce la casa. La visita fue tan mala que hasta sus propios compatriotas salieron a pedir disculpas.
La izquierda madrileña fue la primera en marcar distancia: “Pedimos disculpas a la presidenta Sheinbaum”, dijeron, como quien se disculpa en una fiesta por un familiar que bebió de más. El gobierno de España fue todavía más lejos, con una sinceridad inusitada: Ayuso “ha ido a provocar a México y le ha salido mal”. Pocas veces un gobierno central ha resumido con tanta precisión la derrota de los suyos.
Sheinbaum no necesitó levantar la voz. Dos palabras bastaron para enterrar el episodio. Toda una lección de política: cuando el otro se estrella solo, no hace falta empujarlo; apenas hay que acercarse a la escena del accidente y constatar los daños.
El espectáculo tiene algo de teatro del absurdo, de esos que en Madrid se representan estos días en escenarios como Nave 10. Porque la política española, con sus réplicas y contrarréplicas, parece escrita por un dramaturgo surrealista. La presidenta autonómica que viaja a provocar, el gobierno central que se deslinda, la oposición que se disculpa en nombre ajeno: todos hablando de México sin que México hiciera otra cosa que esperar a que terminara la función.
Y en esa función, todos perdieron: Ayuso perdió la batalla diplomática, el PP perdió la compostura y la izquierda española perdió la oportunidad de callarse. México, en cambio, ganó sin mover una pieza: recibió disculpas, saldó una visita incómoda y confirmó que el ridículo ajeno puede ser, bien administrado, un triunfo silencioso. La política del absurdo tiene eso: a veces el mejor golpe es el que no se da.
— El Espejo Retrovisor
Columnista. Cinico. Observador.

